
Un variopinto grupo de jóvenes estadounidenses decide, por distintos motivos, alistarse como voluntarios para luchar en la Escuadrilla Lafayette, una unidad aerea del Ejército Francés. Tras pasar un duro entrenamiento, el grupo de jóvenes e idealistas pilotos, liderados por el carismatico Blaine Rawlings, conocerá la cara gloriosa y amarga de la guerra, así como la rivalidad con los pilotos alemanes.
La verdad es que un primer repaso a las cualidades de Flyboys: (cuidada ambientación, jóvenes actores, buenos efectos especiales…) podría inducir a pensar que estamos ante una buena película. Pero lo cierto es que las virtudes formales del film quedan sepultadas por un aire de cine liviano que busca casi exclusivamente el puro entretenimiento palomitero. Y ahí es donde patina la película, en aras de la espectacularidad se sacrifica todo lo demás. Las batallas aereas abusan de los efectos digitales, hasta el punto de que los cazas biplanos de hélice maniobran como autentícos “jets” a reacción, todos los aviones alemanes son Fokkers triplanos pintados de rojo, y para terminar no podía faltar el piloto alemán malo malísimo (el “Halcón Negro”) y el Zeppelin.
Si a esto le únimos el guión tópico, manido y lleno de lugares comunes del cine bélico, con su historieta romántica incluida, no queda otro remedio que concluir que “Flyboys” suena a algo muy, pero que muy, visto. Sensación que no se ve precisamente atenuada por un exagerado metraje de 140 minutos, y un climax final hipertrofiado y absolutamente infumable. Más que una película, el conjunto de “Flyboys” recuerda al de un videojuego. Solo rescatable por la ambientación y algún que otro plano aereo, pero por lo demás un titulo bastante flojo.