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domingo, 19 de febrero de 2012

Caballo de Batalla (War Horse)


Caballo de Batalla (2011)

La historia comienza en Inglaterra, pocos meses antes del estallido de la I GM. En una subasta de ganado, el granjero Ted Narracot adquiere, tras una dura puja contra su arrendador, un joven caballo impetuoso que será inmediatamente acogido por su hijo Albert (Jeremy Irvine), quien le pondrá el nombre de Joey. Sin embargo, tras el estallido de la guerra, las dificultades económicas de la familia obligaran a Ted a vender el caballo a un oficial del ejército británico que es enviado a combatir en Francia. Desde ese momento, Albert promete que hará todo lo posible por volver a reunirse con su caballo en un futuro.

El afamado realizador Steven Spielberg ha manifestado en alguna ocasión que a la hora de abordar un proyecto cinematográfico, a veces lo hace pensando con la cabeza (es decir, en la posibilidades comerciales del mismo) y otras veces con el corazón, llevando a la pantalla historias que le hubieran fascinado en algún momento de su vida. En este caso, puede decirse que “Caballo de Batalla” –adaptación de un relato literario de Michael Morpurgo-  se encuadra claramente dentro de las películas del segundo grupo, esto es, el que conecta con la emotividad de su director. En ese sentido, la película ofrece un relato de tintes claramente infantiles, acerca del poder de la amistad, en este caso, establecida entre un joven y su equino, y la capacidad del amor para sortear todo tipo de obstáculos.

Sin duda, estamos ante una producción que resulta deslumbrante en sus aspectos formales, ya que la pericia técnica de Spielberg  se pone al servicio de la reconstrucción de los ambientes y campos de batalla de la Gran Guerra, cosa que el film ciertamente consigue a la perfección, trasladando al espectador a los escenarios donde se desarrolla historia. En ese sentido, pocas veces se ha visto en pantalla una recreación tan fiel de la guerra de trincheras, y los desolados campos franceses arrasados por la artillería e inundados por el agua y el fango que sirven de escenario para algunas secuencias bélicas de gran realismo.


Sin embargo, Caballo de Batalla dista mucho de ser una película redonda, principalmente porque Spielberg vuelve a incidir en los errores cometidos en otras de sus películas anteriores que explotan el lado más sentimental del director: el tono excesivamente amable de una historia que, estando ambientada en los horrores de la I GM, requería un punto mayor de intensidad narrativa, y por otro, el tono almibarado que mantiene el film a lo largo de sus casi 150 minutos de duración, que en algún momento bordea la cursilería. En ese sentido, a la parte inicial de la narración pretende nadar entre el drama y la comedia ligera, quedándose a medias; y a la parte bélica, pese al virtuosismo técnico de su factura visual, le faltan mayores dosis de intensidad dramática y realismo para resultar verdaderamente creible para el espectador. Por así decirlo, todo transcurre por unos derroteros tan amables y almibarados, hasta llegar (OJO, SPOILER) al happy ending final, que da la sensación que se trata más de una fábula clásica de Disney que de una película bélica ambientada en la Gran Guerra.


En definitiva, Caballo de Batalla es un título que puede sumarse (uno más) a la relativamente larga lista de proyectos “sentimentales” semifallidos del llamado “Rey Midas de Hollywood”. Se trata de una película amable y muy bien filmada, pero excesivamente sentimentalista y ñoño para el espectador minimamente exigente, por lo que, pese a sus 6 nominaciones a los Oscar, no pasa de ser una película correcta, que personalmente no considero que se cuente, ni de lejos, entre los mejores títulos de su director.


Calificación: 5,5/10

viernes, 11 de noviembre de 2011

La Reina de África (The African Queen)

La Reina de África (1951)

La historia comienza en Uganda, en Agosto de 1914. Tras el estallido de la guerra en Europa, la misión metodista de Rose Sayer (Katherine Hepburn) queda destruida tras ser incendiada por tropas alemanas. Rose no tendrá otro remedio que escapar en compañía de Charlie Allnut (Humphrey Bogart), un hombre con tendencia al alcoholismo, patrón de la pequeña embarcación a vapor “African Queen”. Pese a que en principio Charlie solo piensa en ponerse a salvo, finalmente será convencido por Rose para llevar a cabo una arriesgada travesía río abajo, hasta desembocar en el lago Victoria, con el objetivo de hundir el poderoso vapor alemán Königin Luise, con el que las fuerzas germanas controlan toda la zona.

La Reina de África es uno de esos títulos clásicos que se han ganado a pulso un hueco en la historia dorada del cine, tanto por su calidad artística como por las múltiples incidencias de su accidentado rodaje, que tuvo lugar en tierras africanas, concretamente en el Congo Belga. La historia del mismo sería retratada, bastantes años después, por Clint Eastwood en Cazador Blanco, Corazón Negro. Como se muestra en esta película, el director John Huston aprovechó su estancia en África para dedicarse a una de sus pasiones: la caza mayor, y en especial, lograr abatir a una presa que ansiaba: un elefante blanco. Sin embargo, el resto del equipo de rodaje iba a vivir todo tipo de penalidades durante esas semanas. Las malas condiciones del agua disponible para beber hicieron que la mayor parte de los integrantes del equipo enfermara de disentería (excepto Bogart y el propio Huston gracias a su afición a las bebidas alcohólicas), amén de producirse varios incidentes con serpientes venenosas y fieras salvajes, e incluso el hundimiento de la embarcación usada para el rodaje. Al parecer Bogart se mostró muy a disgusto con las condiciones imperantes en África, mientras que Katherine Hepburn, por su parte, se sintió muy atraída por la belleza del continente negro y guardó toda su vida un muy grato recuerdo del rodaje.

En cualquier caso es indudable que las dificultades de la filmación valieron la pena, ya que Huston consiguió rodar uno de sus títulos más celebrados y recordados. Y ello se debe, en gran medida, al carisma interpretativo y a la buena química existente entre su dúo protagonista. Humphrey Bogart –estupendo una vez más en el papel de hombre aparentemente cínico, pero de gran corazón- en una interpretación que le valdría el único oscar de su carrera, recibe la réplica perfecta de Katherine Hepburn en el papel de estirada misionera que irá poco a poco, y a fuerza de vivir penalidades, sintiéndose gradualmente unida, física y espiritualmente, a su rudo compañero de viaje. En medio de todo ello, la película ofrece un intenso relato de aventuras, romance y acción, filmado con el pulso narrativo típico de Huston.

No obstante lo cual, hay que reconocer igualmente que La Reina de Africa tiene otros aspectos menos logrados, y que acusa en cierta medida el paso del tiempo. Principalmente hay que señalar el desarrollo un tanto artificioso –e incluso inverosímil- de la trama, de cómo el personaje de Charlie se deja embaucar para llevar a cabo lo que no es sino una misión suicida, así como unos efectos especiales, basados en el uso de transparencias y maquetas, que han quedado desfasados hoy dia.

Pese a estos aspectos, que le quitan algo de brillo al conjunto del film, hay que reconocer que La Reina de África es una de esas películas de aventuras que no pasan de moda. Sin ser una obra maestra, sí que se trata de uno de esos títulos que los angloparlantes definen como “must see”, una película de obligado visionado para todos los buenos aficionados al cine.

Calificación: 7/10

miércoles, 13 de julio de 2011

Los Ángeles del Infierno (Hell´s Angels)

Los Angeles del infierno (1930)
Tras el estallido de la I GM, los hermanos Roy y Monte Rutledge deciden abandonar sus estudios en Oxford y alistarse en la RAF. Pronto quedarán patentes los caracteres antagónicos de ambos hermanos, ya mientras Roy da muestras de su valor y su rectitud moral, el mujeriego y carente de escrúpulos Monte no dudará en seducir a la novia de su hermano, Helga (Jean Harlow), pese a lo cual, Roy hará todo lo posible por proteger a su hermano cuando su escuadrilla recibe el encargo de llevar a cabo una peligrosa misión de bombardeo sobre un depósito de municiones alemán.
Los Angeles del infierno es una de las escasas producciones cinematográficas que puede considerarse un hito dentro de la historia del cine, pese a no ser una gran película en cuanto a calidad artística.  Y ello se debe principalmente a que fue la primera gran superproducción de la historia, con un coste cercano a los 4 millones de dólares de la época, un presupuesto estratosferico que ninguna producción de los grandes estudios hollywoodienses había manejado con anterioridad y que obviamente era casi imposible recuperar en taquilla. Sin embargo el rodaje de Los Ángeles del Infierno salió adelante gracias al empeño personal de su productor, el excéntrico multimillonario y fanático de la aviación Howard Hughes, decidido a ofrecerle al gran público una película espectacular, que realmente transmitiera las emociones que experimentaba en vuelo un piloto de combate.
Para conseguir su propósito, Hughes no escatimó medios ni dinero. Para el rodaje, que comenzó en 1927, contrató a un total de 70 pilotos de exhibiciones aéreas y veteranos de guerra; se construyeron decorados a escala real que iban a ser destruidos durante la filmación, e incluso se fabricó una réplica de un Zeppelin alemán que también iba a ser destruido durante el rodaje. Además, pese a que en principio Angeles del Infierno comenzó su rodaje como una película muda, en 1928 comenzó a estar disponible la tecnología sonora, por lo que Hughes decidió desechar el material filmado sin sonido que no pudiera reutilizarse, y comenzar nuevamente el rodaje como una película sonora, despidiendo a la anterior protagonista, cuyo acento extranjero no era adecuado, y contratando a la joven starlet Jean Harlow para interpretar el papel de la libertina Helga.

Pero sobre todo, Huhges puso especial énfasis en filmar todas las escenas de combate aéreo con absoluto realismo colocando cámaras subjetivas en las cabinas de los aviones, y filmando la mayor parte de las tomas aéreas desde el cielo. El resultado fue realmente espectacular, y desde luego puede afirmarse que Hughes consiguió lo que pretendía, esto es, transmitir al espectador la emoción del combate aéreo, mediante algunas de las mejores secuencias de acción aérea jamás filmadas y que aun hoy, 8 décadas después de su rodaje, resultan visualmente impactantes. De este modo, a las ya consabidas tomas subjetivas desde la cabina de los pilotos, Hughes añadió escenas masivas de combate aéreo filmadas desde un plano cenital, realistas escenas de bombardeo, y algunas secuencias impactantes, especialmente la destrucción del zeppelín alemán, rodada, -como apuntaba antes- sin hacer uso de ningún tipo de efecto especial, pues realmente asistimos al derribo de la aeronave.
Sin embargo el resto del film no está a la misma altura que el brillante apartado bélico. Se nota que para Hughes la trama argumental era una mena excusa o telón de fondo que usar para poner en liza sus espectaculares escenas aéreas. De este modo los personajes principales resultan absolutamente tópicos, planos y predecibles, mientras que la protagonista femenina no pasa de encarnar el típico papel de mujer devorahombres y libertina, sin ningún otro matiz adicional que enriquezca el personaje. Además, como la película está rodada en plena transición del cine mudo al sonoro, se nota que las interpretaciones siguen destilando un evidente tono expresionista que resulta un tanto cómico visto hoy en dia. Claro que, de haber contado con una historia y unos personajes sólidos, Los Angeles del Infierno sería considerada hoy día un clásico intemporal.
En cualquier caso, es justo concluir que Los Ángeles del Infierno es una de esas películas que decididamente se adelantaron a su tiempo. Un título imprescindible para los amantes del cine bélico,  y que indudablemente puede considerarse la mayor aportación del excéntrico Howard Hughes a la industria del cine, logrando crear una memorable película bélica, que se puede considerar el primer clásico dentro del género.
Calificación: 6,5/10  

miércoles, 11 de mayo de 2011

Ases del cielo (Aces High)

Ases del cielo (1976)

La acción comienza a finales de 1916. El teniente Croft (Peter Firth) , un piloto novato recién salido de la academia de vuelo, es destinado a una escuadrilla que combate en el frente occidental, bajo el mando del Capitán Sinclair (Christopher Plummer), y cuyo mejor piloto es el mayor Gresham (Malcom McDowell), antiguo compañero de estudios de Croft. Una vez allí, chocará con la desconfianza de los pilotos veteranos, y en especial del teniente Crawford (Simon Ward) hacia los pilotos sin experiencia en combate, debido a la alta tasa de bajas que sufre el escuadrón, pese a lo cual Croft no tardará en participar en varias peligrosas misiones de combate que le harán adquirir conciencia de la brutalidad de guerra.

Ases del cielo fue una ambiciosa producción británica de los años 70, con un guión basado en las memorias de dos pilotos de combate de la RAF que lucharon en el frente occidental durante la I GM. La producción dispuso de un genersoso presupuesto, de modo que el director Jack Gold pudo contar con un reparto de primera, en el que figuraban algunos de los actores más famosos del cine británico de la época, en especial Malcom McDowell (el protagonista de La naranja mecánica) y Christopher Plummer. Pese a que la productora no pudo disponer de verdaderos aviones de caza de la Gran Guerra, para recrear estos se usaron varios aparatos belgas de los años 30 convenientemente modificados para parecer auténticos cazas S.E.5, con resultados bastante satisfactorios. Es en este aspecto, así como en la cuidada recreación de las escenas de combate aéreo, que siguen siendo notables hoy dia, donde la película acumula sus mayores méritos. No obstante, también hay que señalar que en el plano narrativo, el resultado de la película es bastante irregular.

Desde el comienzo del film, en el que se muestra al Mayor Gresham dando una conferencia ante un grupo de escolares animándolos a enrolarse en el ejército, el relato adopta un marcado carácter antibelicista, que continúa con la llegada del joven Croft a la escuadrilla del mayor, y mostrando como este se encuentra al borde de un colapso nervioso debido a las bajas que sufre su unidad. Sin embargo, y pese a la variedad de misiones de combate que se muestran en pantalla, a la historia le falta ritmo y los personajes resultan más bien tópicos y encorsetados: el novato que se irá endureciendo con las experiencias del frente, el oficial veterano sicológicamente quemado, el jefe de escuadrilla paternalista…etc, de modo que el espectador no llega a empatizar realmente con ellos.

Otro inconveniente radica en el hecho de que las escenas dedicadas a la vida en retaguardia y a los periodos de descanso de los pilotos se dilaten más de lo aconsejable, ralentizando aun más el ritmo de una narración que ya de por sí no resulta demasiado vivo. En el plano interpretativo, hay que señalar que los actores cumplen bien en sus respectivos papeles, si bien sin que ninguno de ellos logre sobresalir especialmente debido a las limitaciones de un guión que abusa demasiado de los clichés típicos del género bélico, y que en líneas generales, resulta excesivamente plano en el desarrollo de los personajes.

En definitiva, Ases del cielo resulta una película de pulcra factura y más que digna en su faceta técnica, con algunas buenas secuencias de combate aéreo no exentas de espectacularidad. Pero considerada en su conjunto, no puede decirse que sea de las mejores del género. Muy lejos desde luego de otro título similar como Águilas Azules. Una película simplemente correcta.

Calificación: 5,5/10

viernes, 18 de febrero de 2011

El Barón Rojo (Der Rote Baron)

El Baron Rojo (2008)

Tras alistarse en la Fuerza Aerea alemana, Manfred Von Richthofen (Matthias Schweighöfer) derriba el avión del capitán Arthur Brown (Joseph Fiennes), y pronto comienza a hacerse un nombre como uno de los mejores pilotos de caza germanos, siendo rápidamente ascendido y condecorado por sus superiores, deseosos de encontrar héroes de guerra que suban la moral de la población. En principio, Richthofen entiende la guerra como un honesto deporte de caballeros donde el honor está por encima de todo, pero cuando cae gravemente herido en combate y se enamora de la enfermera Kate, comprenderá que está siendo utilizado como un mero objeto de propaganda por sus superiores.

El Barón Rojo ha sido una de las producciones más caras del reciente cine alemán, con un presupuesto cercano a los 18 millones de dólares, recaudados en gran parte gracias a las generosas aportaciones de donantes particulares, que permitieron al directo y guionista Nikolai Müllerschön llevar a la pantalla su ambiciosa adaptación cinematográfica de las hazañas bélicas del célebre Barón Rojo, coincidiendo con el 90º aniversario de su muerte.

En cuanto a la valoración del film, da la impresión de que, a la hora de elaborar el guión, el director no había tomado nota de los errores presentes en la anterior versión de Roger Corman. Se ve que Müllerschön, pese a contar con dicho precedente, no solo no ha corregido los aspectos menos logrados de la anterior, sino que en algunos casos, los ha agravado. Si la película de Corman se inventaba la rivalidad de Richthofen con el piloto Arthur Roy Brown, esta película va un paso más allá, sacándose de la manga que el alemán le salvó la vida a Brown, e incluso que se hicieron amigos tras caer ambos derribados en tierra de nadie. Pero no acaban ahí las licencias históricas que se toma el guión, ya que además de introducir una previsible subtrama romántica (tópica a más no poder), se presenta a Richthofen como un joven totalmente inmaduro e indisciplinado, un retrato muy alejado del perfil de oficial prusiano al que realmente respondía el personaje histórico. A todo esto hay que unirle el hecho que el ritmo de la narración en ningún momento llega a levantar el vuelo, y las dos horas de metraje del film se hacen un tanto largas. Además, de manera sorprendente, la película obvia mostrar el combate en el que murió Richthofen, limitándose a señalar en el epílogo que su derribo se le atribuye al capitán Brown, aunque este extremo no está confirmado históricamente.

Entre los aspectos positivos, cabe destacar por encima de todo la sobresaliente labor de recreación de los escenarios que aparecen en la película, siendo ese el aspecto donde más se nota el holgado presupuesto manejado por la producción. En cuanto a las escenas bélicas y de combates aéreos, son bastante buenas gracias al empleo de los efectos visuales generados por ordenador, aunque algunas maniobras de los aviones resultan demasiado acrobáticas, aunque sin llegar a los excesos de Flyboys. Finalmente, me gustó que apareciera en el film el personaje de Lothar Von Richthofen, hermano menor de Manfred, que llegó a ser otro as de la aviación alemana, si bien siempre estuvo eclipsado por la fama de su hermano mayor. En el apartado interpretativo, la actuación de Matthias Schweighöfer en el papel del Barón me pareció simplemente correcta, al igual que la del resto del reparto.

En definitiva, esta moderna revisión cinematográfica acerca de la figura del Barón Rojo decepciona en más de un aspecto. Da la impresión de que el director ha querido mostrar una versión bastante modernizada y rebelde del personaje para adaptarlo a los gustos del público actual, pero en el camino se deja muchos aspectos claramente mejorables. Un título que, pese a su abundancia de medios, se queda en agua de borrajas, y que no logra mejorar la anterior película de Roger Corman sobre Richthofen.

Calificación: 4/10

lunes, 14 de febrero de 2011

El Barón Rojo (Von Richthofen and Brown)

El Baron Rojo (1971)

Reconstrucción de las hazañas bélicas del célebre as de caza alemán de la I GM, Manfred Von Richthofen (John Phillip Law), desde sus inicios como piloto de combate, siendo adiestrado por el as Oswald Boelcke, pasando por sus primeras victorias, hasta convertirse en un héroe de guerra, lo cual le acarreará la envidia de otros pilotos destacados de su escuadrilla como Hermann Göring. Su fama hará que un piloto canadiense de la RAF, Arthur Roy Brown, se obsesione con la idea de enfrentarse en combate y derribar al famoso piloto alemán.

Hay dos personajes militares alemanes del S. XX cuyas figuras han sido apropiadas por la cultura anglosajona, hasta el punto de ser venerados incluso con mayor entusiasmo que en su país de origen. El primero es Erwin Rommel, El Zorro del Desierto; el segundo, Manfred Von Richthofen, más conocido como El Barón Rojo por ser este el color que Richthofen usaba en sus aviones para que el enemigo le identificara en combate. En este caso, El Baron Rojo fue un ambicioso proyecto personal del director estadounidense, especializado en películas de bajo presupuesto, Roger Corman. Además de asumir la dirección, Corman también fue el encargado de producir la película, financiándola con capital procedente de su pequeña productora independiente. Sin embargo, la relativa modestia del presupuesto no afectó al aspecto de la ambientación, ya que Corman pudo contar para el rodaje con aviones auténticos de la I GM, que fueron obtenidos gracias a la colaboración de un coleccionista particular residente en Irlanda, que ya los había cedido para el rodaje de Aguilas Azules.  De este modo, la filmación de las escenas aéreas tuvo lugar en tierras irlandesas, empleándose dos semanas en el rodaje de las mismas, empleando aviones genuinos de la Gran Guerra.

Entrando a valorar el film, en cuanto a los aspectos positivos, hay que recalcar la espectacularidad y realismo de las escenas de combate aereo. Como en la época de filmación no existían los efectos generados por ordenador, todas las secuencias aéreas que aparecen en pantalla son reales, y se filmaron, -como apuntaba- empleando aviones de la época. Sin embargo, prácticamente en ese punto se agotan las cualidades del film, que presenta, por otro lado, bastantes aspectos mejorables. Para empezar, hay muchos hechos que no se ajustan a la historia real de Richthofen, dándole demasiada importancia, por ejemplo, al personaje de Göring, y mostrando una supuesta rivalidad con el piloto canadiense Arthur Roy Brown, una rivalidad totalmente ficticia. Por otro lado el film maneja la teoría –que era la vigente en la época de su rodaje- de que fue Brown quien derribó el Fokker de Richthofen, sin embargo los últimos estudios apuntan a que el avión del Barón Rojo fue en realidad derribado por el fuego realizado desde tierra.

Pero, inexactitudes históricas aparte, lo cierto es que la película tampoco termina de carburar, por varios motivos. El primero se encuentra en la poca sustancia de los personajes principales, que resultan totalmente planos y esquemáticos, y no se benefician en absoluto de la floja interpretación del protagonista John Phillip Law, en el papel de Von Richthofen. Además, el desarrollo de la trama resulta totalmente insulso, con escenas de combate aereo que se intercalan con nulo interés con los aspectos personales de los protagonistas, y que no llegan a captar la atención del espectador. Finalmente, el otro gran lastre que tiene el film es que, pese a la abundancia de escenas de acción, a estas les falta la necesaria dosis de épica, y que en ningún momento logra transmitir el carisma de Richthofen, con el resultado de que la historia, en conjunto, ofrece una sensación algo deslavazada y el ritmo de la narración se antoja más bien cansino.

En definiva, El Barón Rojo se queda en un título de muy cuidada ambientación y más que correcta factura visual, pero bastante plano en el aspecto narrativo, amén de demasiado inexacto en el aspecto histórico. Interesará sin duda a los aficionados al cine bélico, por el atractivo histórico del personaje, pero desde el punto de vista de la calidad artística, es una película que, desde luego, decepciona en más de un aspecto. Un título simplemente pasable.

Calificación: 5/10

viernes, 4 de febrero de 2011

Leyendas de Pasión (Legends of the Fall)

Leyendas de Pasión (1994)

El coronel William Ludlow (Anthony Hopkins) tras ser abandonado por su esposa decide retirarse del ejército y trasladarse a vivir junto a sus tres hijos a un gran rancho de Montana, dispuesto a mantenerse alejado del mundo. Sin embargo, las tensiones con su rebelde hijo Tristan (Brad Pitt) y entre este y el sensato Alfred (Aidam Quinn), se verán acrecentadas cuando el hermano menor, Samuel, decide que su bella prometida Susannah (Julia Ormond) se traslade al rancho a vivir con la familia, surgiendo un incipiente romance entre ella y Tristan. Poco después, el estallido de la Primera Guerra Mundial hará que Samuel, en contra de los deseos de su padre, se aliste en el ejército canadiense para combatir en Francia, por lo que Tristan decide seguir sus pasos para proteger a su hermano menor en el frente.

Leyendas de Pasión supuso la adaptación cinematográfica de la novela de Jim HarrisonLegends of the Fall”, publicada en 1979 y cuya historia llamó la atención del director Edward Zick, quien no obstante, iba a tardar más de una década en ver el proyecto materializado en la gran pantalla. A fin de garantizar el éxito en taquilla la productora se aseguró de contar con un actor consagrado como Anthony Hopkins, y sobre todo, con la presencia del sex symbol masculino de Hollywood, que por aquel entonces era una estrella emergente, Brad Pitt. La película contó además con un generoso presupuesto cercano a los 30 millones de dolares y recibió 8 nominaciones a los Oscar, aunque finalmente solo se alzó con una estatuilla, la de mejor fotografía, que recayó sobre el técnico John Toll. Además, la película no terminó de conectar con el gran público, ni de funcionar en taquilla como se esperaba.

Y lo cierto es que, analizando el film, es comprensible que este no se convirtiera en un arrollador éxito comercial. Porque se aprecia a la legua que el intento de Zick por crear un deslumbrante relato épico que combinara elementos del Western clásico, cine bélico y una historia romántica de fondo, no terminó de funcionar adecuadamente en pantalla. En primer lugar, porque los personajes, además de resultar tópicos, no están nada bien desarrollados. Principalmente el de Tristan, que parece un simple vehículo de lucimiento para el físico de Brad Pitt, cuya actuación, por cierto, deja bastante que desear. Incluso el habitualmente brillante Anthony Hopkins aparece bastante sobreactuado interpretando al torturado coronel Ludlow, un personaje que solo logra sacar el lado histriónico del actor galés. A todo ello se le une una historia narrada sin pulso, cuyas dos horas y media de metraje se hacen largas y un guión que oscila entre lo almibarado y lo pretencioso, incluyendo una subtrama de pretendida sensibilidad hacia los indios americanos, que dicho sea de paso, no aporta nada al relato.

Al menos, eso sí, hay que reconocer que las escenas bélicas están filmadas con eficiencia si bien la secuencia que muestra la muerte de Samuel en combate se antoja poco realista y transmite al espectador una sensación de forzado dramatismo, más efectista que efectivo. Como curiosidad, también muestra la participación canadiense en la I GM, un tema poco tratado en el cine de Hollywood.

En definitiva, “Leyendas de Pasión” resulta un producto fallido que no cumple ni de lejos sus ambiciosos objetivos, ya que como relato épico resulta aburrido, y como historia romántica, no logra transmitir gran cosa al espectador, conformándose con coleccionar tópicos y clichés al uso de este tipo de Films con nula capacidad para emocionar. Una película simplemente pasable, en el mejor de los casos.

Calificación: 5/10